martes, 16 de noviembre de 2010

Consejo para no enamorar: Hazte su mejor amigo

Despierta, oye, despierta. Hacerse su mejor amigo hasta encontrar el momento de declararse definitivamente está en el top 10 de las peores maneras de enamorar a alguien, no solo porque casi seguramente no logrará su cometido sino que, además, eventualmente conseguirá el efecto totalmente opuesto, consiguiendo atarantarte por meses y decubriéndote como el paparulo y penoso mentecato que vienes siendo desde el primer y  tímido “hola” que le escribiste por MSN. Si este es tu caso entonces aguanta tu carro, deja de hablarle y pon tu estado como ocupado, wait, tiempo fuera, cuélgale el teléfono, chepis: antes de seguir fregándola más tienes que leer esto. Pero como dijo Jack, el destripador, vamos por partes. 

Ojo que este post es válido tanto si eres hombre como mujer, gay, lesbiana, bisexual, hermafrodita o asexuado. Sin embargo, se enfoca en el principal grupo de reincidentes en el arte inexistente y patético del amiguismo. (con repugnantes y pintorescas variantes como amix, causa, bro, flaca o Darling, solo por mencionar algunas).

 Sucede que, vanagloriosamente, Axe lanza una línea Limited Edition del fragoroso desodorante “Ex Friend”, con el que se supone que esa chica linda que te llama best pinky sweety friend desde hace al menos un año y que se caga en pretendientes que parecen roperos, de repente se enamore perdida e incondicionalmente de ti y se te lance encima como una desquiciada e insaciable gata en celo. Suena bien, ¿no?. Sucede también que Chiclets desarrolla una populosa aplicación en facebook para que los eternos mejores amigos puedan dar indicios de su- supuestamente secreta - pasión desbocada e irrefrenable. ¿Coincidencia? No. No hay nada que decir. Hasta las campañas de marketing te lo gritan en la cara: Ese chico lindo que se sabe toda tu vida y a quien llamas primero que nadie cuando algo te hace llorar, esa flaca que tan bien te cae y que te aconseja con tanto esmero, ese tu amiguito lindo, esa flaca pataza tuya, ya, esa personita está agonizando por mendigar un beso tuyo. Lo que sucede, joven, señorita, es que se muere por ti. Le mueves el piso. Quiere tortear contigo.

Yo lo he intentado más de una vez. ¿Logré agarrar? Afirmativo. ¿Logré algo más?  Qué te importa. ¿Logré posicionarme como su enamorado? De ley. ¿Logré que se sienta segura a mi lado? Claro. ¿Logré el cariño de su familia? Obviamente. ¿Logré que se enamorara de mí?  No, ni cagando. No lo hice. No fucking way.

Porque puedes ser más sexy que Bernie Paz y más inteligente que Santiago Antúnez de Mayolo pero –alerta- cuando te vuelves el tierno y apachurrable osito de peluche al que se le puede confiar todos los secretos ya no eres tan atractivo. Y es precisamente por eso, caray, porque eres un peluche: no pueden casarse con su peluche, no pueden tener hijos con su peluche, no pueden compartir los gastos de la casa con su peluche, no pueden sentir celos de su peluche. No pueden concebir la idea de que también estás en la categoría de “Machos con las hormonas revueltas” porque, lastimosamente, a sus ojos- por los que también te mueres, picarón- eres su personita especial, el único que la entiende, su mejor amigo. Su peluche, muchacho, su peluche.

Sucedió que, en cuarto de secundaria, yo andaba templadísimo de una chica menor que yo por un año: cabello claro, ojos felinos, labios carnosos y un inexplicable halo de inocencia que parecía irradiar millonadas de feromonas en los ambiente a los que iba y en los que, casualmente, claro, se encontraba con su flamante monigote preferido: yo, Jim, presente. Bien peinadito, talqueado y bañado en colonia. Siempre con un chocolatito Sublime a la mano para colorear esa boquita suya con la que soñaba hasta despierto y completamente curtido y listo para mi afición favorita: Escuchar que había discutido con su pendenciero enamorado y oler disimuladamente su perfume floral mientras abrazaba sus hombros y le besaba la frente tratando de consolar sus cachudas lágrimas. Imaginen la peor definición de “cagado”.  Ya, igualito estaba yo.

Nunca lloré tanto por otra chica, ni jalé tantos exámenes por pensar en alguien más, pero tampoco aprendí tanto de nadie que no fuera ella. Cuando; un año y medio después de tantos mensajitos, llamaditas, indirectas y demás cursilerías, luego de habernos deshecho en caricias y besos y sonrisas y te quieros, ella me dijo que yo era importante para ella y toda la cuestión pero que estaba confundida y necesitaba tiempo; sencillamente quise que la tierra me tragara, me escupiera y me volviera a tragar para luego escupir mi ropa y lanzar un eructo que reemplazara ese sufrimiento que creía que terminaría por volverme loco en cualquier momento.
No podía estar más decepcionado de mi estrategia. ¿Qué las chicas no querían a alguien que las adorara como a Alá?, ¿Qué no buscaban un compañero caballeresco y fiel que las idolatre como reinas?, ¿Qué no escudriñaban su entorno persiguiendo al príncipe azul? No, cuñado, no. Te  falta. Ellas buscan al Lobo Feroz, y uno que de verdad coma. Lo demás es verborrea, cháchara, charlatanería, monserga, locuacidad, labia, metáfora, facundia, palabrería. Lo demás es floro.

Si buscas solo una amistad femenina real y sincera que- admito-, es difícil de atinar pero muy bella si la encuentras, entonces sé su peluchito cariñosito. Si quieres ser algo más; y te lo digo así, de patas; si la quieres conquistar; si realmente te interesa; por favor, no seas pelma, no seas pisado, no seas su sombra, chotéala a veces, no le des siempre la razón, aléjate un poco, dale su espacio, deja que respire, hazte extrañar, no la celes, no le des todo lo que te pida ni  pagues todo lo que le das. Entiende. Que se dé cuenta que tienes otras prioridades, otras cosas que hacer, otras chicas con las que hablar.

Despierta, oye, despierta. 

sábado, 23 de octubre de 2010

El esperado, disfrutado, repudiado primer beso



Corría, a mediados del año 1998, una plausible brisa de optimismo en las calles peruanas: Cuando comprabas algo te decían gracias y si hablabas de fútbol peruano no te cambiaban de tema; los días anestesiados de esperanza fluían como un monocromático rollo fotográfico pues la expectativa de la pronta llegada del nuevo milenio avivaba las brasas de la fé en el progreso y la felicidad. Al ver los rostros de las personas me daba cuenta que todos las miradas exhibían ese brillo característico que tienen los ojos de los fumones y que todos los labios se torcían hipócrita y caprichosamente en fracasados amagos de sonrisa. Para entonces, yo tenía ocho años.

En ese contexto mi vida era feliz, habitaba una casa grande para corretear por donde yo quisiera y tenía tres bravos, lindos y vigorosos perros que, según lo que mis papás me decían, habían sido obtenidos (uno comprado, otro adoptado y el último encontrado) para que jueguen conmigo y los saque a pasear . Y aunque alguna vez me pareció oír en esas latosas conversaciones de adultos que en realidad los perros eran para que cuiden la casa a mí en realidad no me importaba demasiado siempre y cuando, claro está, pudiera ver televisión, corretear por el patio, comer torta y conversar con Arturo en mis dosis diarias.

Arturo era mi mentor y mi mejor amigo. Gracias a él conocí de cerca el camino de la ludopatía al jugar Diablo II con furiosa obstinación y me desvivía en errores intencionados solamente para escuchar esos consejos suyos que me dejaban con la boca abierta. Gracias a Arturo; que me lleva doce años y al que no veo desde hace siete, que fue probablemente la persona más carismática que haya conocido y el que me recomendó alguna vez y muy seriamente que no pierda mi tiempo en internet, es que hoy me palteo inevitablemente cuando me preguntan cuando fue que besé a alguien por primera vez. Porque  Arturo tenía una sobrina gringuita y flaquita, de ojos claros y cabello lacio.



Se llamaba Nikita. Bueno, se llama, supongo. No sé.

Tenía un papel un poco sucio y un poco arrugado en mis manos, la tinta estaba corrida y la  superficie estaba húmeda. Los trazos que esa niña, parada delante de mí, con un dulce en la boca y dos años más que yo, había escrito eran garabatos pusilánimes y deletéreos para la vista corriente. Intenté leer achinando los ojos pero sus trazos eran toscos, ariscos, feos, violentos como el beso que me dio en los dientes haciéndome trastabillar y sin explicación alguna. Sus labios se movieron torpemente, pues obviamente también era su primer beso, pero mi expresión distaba bastante de emular algo romántico. Yo seguía ahí. Con los ojos achinados y la cara de cojudo. Simulando pensar que ese inesperado ósculo no había sido real.

Entonces se acercó de nuevo, con más práctica, más canchera; me miró con miedo, pero fijamente y me perdí en sus ojos verdes. Me besó de nuevo. Y mi respuesta fue la misma, yo inmóvil. Chibolo miedoso, seguramente marica. Nikita desistió y sonrió, gracias a dios solo era una niña bonita de diez años porque si hubiera vivido más seguro que hubiera pensado gracias por cagar el primer beso de mi vida, Jim, por si no lo sabías esto no se olvida jamás. Y yo me hubiera quedado en ese cuarto, triste, de cuclillas. Escuchando a mi álter ego cambiar de tema de conversación y resignado frente a esa primera experiencia que penosamente había marcado mi porvenir afectivo.

Pero entonces algo se quebró. Justo cuando ella empezaba a sugerir ir con nuestros papás que estaban en una fiesta en el primer piso, sentí una oleada de seguridad que nunca antes había conocido. A mis ocho años, con los pantalones sucios y la mirada de bebé, un atisbo de habilidad seductora que ni siquiera Style podría igualar se apoderó de mi cuerpo y comandó mis acciones.

Sus manos visitaron sus bolsillos y sacó un chocolate, abrió la envoltura y se lo metió a la boca; empezó a caminar hacia la puerta, jalándome de la mano y tarareando una horripilante canción de Axe Bahia. Balanceando su cuerpo flacucho y acomodándose el cabello detrás de la oreja.

Entonces me detuvé y reí, te estas olvidando de algo, le dije.

Volteó curiosa y risueña y se encontró con un niño de ocho años que la miraba confiado y que sostenía un pedazo de papel entre sus dedos tal y como ella lo había visto hacer a los personajes de Yu-Gi-Oh con unas cartas que sus amigos de colegio coleccionaban. Se puso nerviosa.

La jalé de la mano con firmeza y ternura. Nikita bajó los ojos. Le mostré el pedazo de papel con el que habíamos estado jugando y lo tiré al piso. Le cogí del mentón y levanté su rostro. Nos miramos. Entonces brillosos mis ojos, fluidos mis movimientos, burlona mi sonrisa. La besé.

Fue un beso improvisado y prematuro, inconsistente, hasta innecesario. Pero era la primera experiencia romántica para ambos y forzadamente la volvimos bonita. Mi corazón bombeaba sangre pertinazmente y mi naríz presentía su aliento. Nuestros ojos estaban abiertos de par en par, pero no dejábamos de mirarnos. Un buen beso se instalaba en nuestros recuerdos.

-         Les diré a todos mis amigos que mi primer beso fue de chocolate y con la gringa más linda del Perú – le dije, sonriente

-         Pero es el tercero, tontito, el primero fue de fresa- susurró con un acento de telenovela mexicana

-         No pues, los dos primeros fueron de práctica, nomás.- Concluí

-         Que vivo eres – comentó riendo mientras saliamos de la mano rumbo a la cocina, queríamos torta.

Y presumiblemente esa niña fue mi primer gran amor. Hoy debe tener 20 años. La última vez que la ví fue a los 11.

Y no estoy seguro de querer retomar el contacto vía facebook como lo hice con viejos amigos de la infancia: Pues a veces es bueno tener un respaldo emocional pasado que se contraponga con los problemas presentes y nos recuerde que podemos sentir.

Me explico. Guardo de Nikita una imagen de ternura y felicidad que no se compara con nada, un registro que me dice que  soy humano y que puedo ser feliz como antes aunque las cosas sean más complicadas ahora. Un recurso de salvataje del que aferro en los momentos en los que siento que mi vida esta cagada, sin valores ni sentimientos. Arrugada, manchada, inservible y tirada en el suelo como ese pedazo de papel que aleteaba en el piso y en el que se leía -¿Quieres ser mi enamorado? 












Extra No1: Escribir este post me ha arrancado más de una sonrisa. El primer beso es algo que nadie olvida y suele ser; no importa si bueno o no, fuerte o suave; un encantador recuerdo. Mucho más poderoso, a mi opinión, que el que te deja la primera vez.

Bueno, supongo ¿no?, yo no sé de esas cosas, solo me han contado. Talvés más adelante hable de ese tema, quiero decir.. De lo que me han contado. xD!

Extra No2: Quién no ha suspirado con esta canción? Bacilos nos recordó lo bonito que era rozar labios.




Extra No3: Ya mucha ternura por hoy. Hasta el próximo fin de semana, bandidos!

viernes, 15 de octubre de 2010

Mi amorío con la tecnología



Me pregunto cuando fue que mi vida pasó a depender, y lo digo muy a mi pesar, de los contundentes avances tecnológicos: No podría precisar desde cuándo es que se me hace apremiante esta necesidad de revisar mi cuenta en facebook al menos un par de veces al día y comprar cosas inverosímiles por internet (como un violín acústico que nunca llegué a usar y aún adorna mi sala), de llevar mi música favorita conmigo a todos lados y revisar el campus virtual de la universidad durante clases, para enterarme de qué hay para el almuerzo en la cafetería e ir escogiendo mientras el profesor habla rocas; trasnocharme viendo peliculas online que todavía no se estrenan y reírme como un retardadito mental con sacadas de mierda de mexicanos youtuberos. Y es que, claro, estas actividades son perfectamente rutinarias y normales para mí y para tí,  pero mi mamá casi me carga de las orejas cuando le dije, una tarde, comenzando secundaria, que no iba a ir a la casa de mi amigo para hacer el trabajo escolar de Historia que debíamos presentar al día siguiente: Simplemente no le parecía demasiado creíble que dos personas alejadas físicamente pudieran armar una exposición de 20 minutos sin tener luego que pagar alguna carísima factura de teléfono. Que era una tontería; que de seguro yo no quería ir por ocioso; que últimamente me estaba juntando mucho con ese muchachito que se viste como pirañita, ese Paco; ya, que estaba castigado toda la semana.


Probablemente todo haya comenzado con mi afán futurista de querer construir robots con chapitas de Cocacola; era algo muy común para alguien al que le daba un ataque de epilepsia si no veía, al menos un par de veces a la semana, a los descomunales zords de los Power Rangers en la tele. Para mi todo lo que tenía cables era tecnología: mi minúsculo piano de tres octavas, la licuadora de mamá, los postes de luz, la camaleónica y gigantesca computadora que teníamos en la sala y sobre todo mi PS1, lo más futurista que yo podía imaginar. Siento escalofríos al pensar que hoy en día son, en algunos casos, aparatos un poco anticuados o completamente camuflados en su cotidianidad.

Y entonces llegó, no sé cómo, ni siquiera recuerdo bien la portada; pero un buen día una huachafa y mal escrita revista llamada: “Construya su página web” arrivó a mi vida; era un práctico manual del lenguaje HTML que hoy pocos conocen bien ya que la bendita Web 2.0 simplificó todo; pero, para que se hagan una idea, me enseñó a escribir en ese código “embed” que Youtube les hace copiar y pegar para poder colgar algún video. Si con esto aún no sabes a que me refiero (porque ahora Facebook permite compartir videos sin la necesidad de hacer tantos malabares), no te desesperes y considérate afortunado. Porque crear páginas web solamente con Bloc de Notas no es precisamente algo divertido; créanme, hasta leer spam es más excitante.









Cuando terminé de entender a medias lo básico del HTML aprendí a usar Dreamweaber y, finalmente, logré crear algo decente. Era entonces cuando me encontraba en la cúspide de mi saber informático y no podía evitar lucirme en clases: “Profe, ya terminé, ¿qué, nada más? Profe, ese ejercicio fue un insulto a mi intelecto”, “¿No te sale, chato?”, “Ya sé qué esta mal, si me invitas tu recreo te digo”, “oe no, chato, piénsalo bien, está poniendo nota”, “Ya, ya, solo el yogurt y la mitad del keke”, “apúrate que ya viene”, “no seas miserable, chato, ¿qué te cuesta la mitad de tu keke?”, ”…”, “ojalá que jales, mierda”.

Lamentablemente, mis ínfulas de desarrollador web se fueron al suelo cuando mi papá empezó a explotar mi inmaduras habilidades pidiéndome que le haga un par de páginas web para su negocio. La calidad de mis trabajos era aceptable y de haberlas hecho para otras personas hubiera podido ganar alguna plata, que obviamente luego usaría para invitarle un cuarto de pollo a Lisa, mi musa de turno. Este modelo de trabajo no remunerado provocó un malestar generalizado en mis ánimos de seguir limpiando códigos fuentes y terminó con mi interés por la informática y el desarrollo web.

A partir de entonces empecé a jugar básquet y a beber agua pura. A correr por las mañanas y bailar por las noches. Fue recién ahí cuando me aventuré a salir con alguna chica y acabar con las vacaciones que mis hormonas habían estado disfrutando. Todo esto contrastaba totalmente con mis hábitos trogloditas de comer torta y beber gaseosa todo el día frente al monitor y de pedirle a la señora que cocinaba, Carmen, desde mi asiento y casi a gritos, un vaso grande de yogurt con Chocapic. Sí, admito que para mí ser el monstruo en computación implicaba ser un versión miniatura de Homero Simpson.




Hoy no queda mucho de esa bolita sonriente que antaño era: He crecido y mi estómago ya no me tapa la vista de mis pies cuando orino. Mentiría si digo que estoy irreconocible en comparación a como era antes, pues soy cachetón indefectiblemente y mis ojos siguen arqueándose de la misma manera a como lo hacían cuando algún chiste me arrancaba una carcajada. Sin embargo, hay cierto temor en mí, cierta proclividad a creer que estar todo el tiempo con gadgets y redes sociales me convertirá en una papa andante y me idiotizará a tal punto de suplir mi vida real por una que dependa de mi laptop. Personalmente, tengo miedo de que eso suceda.



Hace un par de ciclos, en mi examen parcial de Lengua I, me pidieron un artículo acerca de los nativos digitales y de la era de la información: Me explayé describiendo las características del internauta de hoy y enumerando las alternativas de eficiencia que brinda la social media. Me recreé graficando el impacto de Twitter en el periodismo mundial y detallando el liderazgo económico de las nuevas empresas de tecnología en Wall Street. Me divertí describiendo un par de horas comunes y corrientes frente a mi laptop mientras le daba el matiz de polifuncionalidad que tanto envidian los de generaciones pasadas. En verdad, me fui en floro.

Sí, pues, soy un nativo digital. Tengo facebook y tengo Twitter,  cuenta en Google y en Hotmail, Foursquare y Last.fm, Flickr, Ning, Skype y muchas otras plataformas más. Tuve un orgasmo cuando toqué la pantalla de mi Ipod Touch por primera vez y casi una embolia cerebral cuando me di cuenta que me lo habían robado. Porque puedo decirle lo que me venga en gana a Bruno Pinasco, Carlos Palma o Gachi y socializar con las modelos, vedettes y famosas que quiera, conocer gente con mis intereses y ver series gringas en Megavideo y cagarme en los comerciales.

Amo la era de la información. Pero me encantaría guardar mi SE Xperia X10 mini Pro por una semana e irme de campamento; solo, o con mi enamorada o con mejor mejor amigo; da igual.  Y encender una fogata con mis propias manos y olvidarme de tantos tweets, tantas fotos y tantas notificaciones por leer.

Porque puedo supuestamente hacer lo que quiera con la tecnología, pero haga lo que haga siempre termino sintiéndome un poco asfixiado.












Extra No 1: Probablemente ya la hayan escuchado, pero esta canción de facebook pega un montón.





Extra No 2: Lamento la demora, ya saben, problemas técnicos.(xD) Este fin de semana si saldrá puntual. lml


Extra No 3: Talvés lo hayan sospechado, pero exageré un poco con el supuesto contenido de mi examen parcial. Eso sí, solo un poco, porque saqué 16. U.u


miércoles, 6 de octubre de 2010

La tortura electoral, como Lourdes y Susana me sacaron de quicio.



Son pocas, poquísimas las veces que recuerdo haber sido expectador de una sangrienta contienda electoral en su clímax; y, sinceramente, desearía haber tenido un poco más de práctica en esto; no sé, lo que sea, escuchar al chino decir q se metan algo al poto o ver en un pésimo video algúna mentada de madre de Toledo mientras Alan hablaba.

Esta rivalidad municipal rancia y avinagrada está matándome por dentro, en estas semanas lo único que hicieron los diarios Correo y Perú 21 fue maximizar la puteada de Susana Villarán en el debate; y lo único del diario La Primera y Bayly fue mencionar y relacionar a Cataño y Lourdes

Luego veo a un señor de 75 años que reclama y recuerda que él también está jugando y, hablando de juegos y juguetes, Lima entera observa a un híbrido entre  Bionicle y Transformers exponer su sapientísimo plan de gobierno mientras se convierte en un pintoresco helicóptero y se roba algunos aplausos y sonrisas. No sé si de rabia, y no sé si da risa.










Antes, por ejemplo, cuando prendía el televisor y me encontraba con la carismática, mofletuda cara de Bayly; me ponía ropa cómoda y planeaba una rápida incursión de ida y vuelta a la cocina para evitar perderme un poco de humor inteligente y de mente abierta que se podía encontrar en su programa; no siempre, es verdad; pero a mi favor puedo decir que al menos era una manera solapada de suplantar la lectura diaria del Comercio que siempre me prometía hacer. Ver a comediantes, artistas, modelos y figuras públicas desfilar por ese estudio y dejar entrever algunos de sus atributos (sobre todo el penúltimo grupo), proyectos, sueños y logros era mi forma personal de leer  "El Chino", "Chesu", "El Popular", "Ajá", "Ojo" y "El trome"; todo a la vez. 




Cuando veía a Jaime reír con Carlos Carlín, Johanna San Miguel, Larissa Riquelme y Carlos Alcántara; aplaudía su talento y reía yo también con ellos; cuando abría un periódico medianamente reconocido confiaba en recibir información medianamente importante. Y podía confiar; medianamente, claro está; en lo que leía.

Ahora suelo bajarle el volumen al televisor y buscar un poco de información limpia en la web de "El Comercio" (craso error, también está infectada) mientras me preparo un superjugo de lúcuma con leche y abro un paquete de galletas soda. Todo esto porque he perdido el interés en animar como cojudo el eterno pugilato entre Lourdes y Susana y porque de todas maneras no me toca votar en estas elecciones municipales. Así evito mezclar los conceptos de filosofía y gerencia que trato de memorizar para mis exámenes de esta semana con los de politiquería y demagogia que me ofrecen en todos lados. 

En pocas palabras, ya me cansé.  Antes adoraba a mis modelos favoritas cuando las veía llevar una conversación más o menos inteligente con el francotirador; ahora veo a Tongo cantando piedras cada  vez que prendo la laptop. Antes salía al balcón con risueña sonrisita electoral a ver que comitiva pasaba por las calles gritando de todo, menos propuestas; ahora me dan ganas de orinar desde el sexto piso. Antes creía que esta campaña no sería nada comparándola con la que se viene para las presidenciales, pero ahora no estoy seguroAntes veía a Bayly, ahora ya no.


Creo que ya estoy ready para mi examen, veamos: Mismo organigrama, jato no declarada, Platón, potón, tamaño organizacional, Cataño sensasional. Era en ese orden, ¿no? 

Antes creía en la democracia, ahora le tengo miedo.




                          


Extra Nro 1: Por si no tuvieron suficiente, aquí una parodia bastante populosa y poco distorsionada de lo que fue la contienda que me resecó la razón. Sonrían y sufran.




















miércoles, 8 de septiembre de 2010

Avla.!

Mi nombre es Jim, en pocas palabras soy un chico que procura estudiar, huevear, pensar, escribir y vivir sin molestar a nadie; o, en todo caso, sin que a los que moleste se puedan vengar. (mi descripción en muchas palabras la encuentras en mi perfil)


Tengo muchos conocidos, aunque no estoy seguro si ellos me conozcan.  Muchas ex, aunque me llevo bien solo con un par de ellas. Muchas medallas, pero no consigo una desde hace un par de años. Muchas lágrimas aguantadas, críticas sociales mudas y comentarios reprimidos por una sociedad que se sabe solamente machista y racista, pero que no admite que no se toma muy en serio a la generación que se viene.





Tengo, en síntesis, muchas interesantes ideas en mi cabeza, pero mi antiguo blog se titula "menor de edad" y estoy a punto de cumplir dieciocho, por lo que, para evitar ser incongruente conmigo mismo "Avla" tomará el papel de foro abierto, paño de lágrimas, confesionario, conversatorio político y, porqué no, diario personal de un muchacho peruano tan ansioso, imberbe y optimista como todos los que me acompañan en el micro rumbo a la universidad o hacen cola picadazos en una sanguchería, luego de una loca noche barranquina. 


Aquí retroalimento mi narrativa y aliviano la carga de mis dedos. Aquí callo a los que me juran el próximo Vargas Llosa (en broma, probablemente) y me instan a seguir escribiendo a pesar de que nunca comentan nada. Aquí contribuyo a la sociedad desde mi perspectiva juvenil.


Música, política, tendencias, reus, sociedad, jama, pelas, gileos, relatos universitarios, consejos, points. Todo lo que te interesa puede estar aquí. Y si no te interesa, entonces no jodas. 


Es aquí y es ahora cuando reempiezo todo.


Avla, ¿me acompañas?